Hay palabras que tienen magia, que cuando las pronuncias provocan una sonrisa a quien las oye y hacen sentir bien a aquellos que las dicen.
Esas palabras, que necesitamos cada día, necesitaban florecer en nuestro aula. Para ello, les hemos plantado una bonito árbol. En realidad, lo hemos dibujado con nuestro propio cuerpo: el tronco son las piernas de Alejandro y las ramas los brazos de muchos niños y niñas, repasados cuidadosamente con la ayuda de otro compañero. Después, repasar, colorear, recortar y.... Tatatacháaaaaan!!!
Así nos ha quedado.








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